jueves, 11 de diciembre de 2008

Mi aventura de ser maestro

El entrar al salón de clases me representa la decisión de que el alumno aprenda de mis enseñanzas el contenido o que de alguna forma mi explicación o exposición (si no se quiere caer en la presunción enseño-aprenden) le lleve al alumno al entendimiento (quizá autoentendimiento) del tema. Me voy casi directo al tema, evito comentar algo fuera de.
¿Qué percibo después de tres, cuatro o del primer parcial? Definitivamente, el 10% "aprendió" (luego entonces, enseñé) el cien por ciento. el 50% contesta casi el 60 o 70%. Otro diez por ciento, quizá un 30% y no puede faltar el treinta (quizá menos, no es regla) que saca 30, 20, 10 o un cero.
¿Porqué los días de clase no surgen las dudas tan interesantes que me presentan los alumnos el día del examen? Quizá, mejoraría los porcentajes de aprobación, es decir una mejor calificación. ¿Seré quién no propicia esas dudas?
Creo que los alumnos prestan atención, y "entienden" la explicación pero a la hora de los ejercicios observó, al calificarlos, que unas diez personas fueron las que los hicieron y los demás se los copiaron como única opción para no perder la participación de la tarea entregada.En conclusión, creo si enseño pero los teoricos unen y nos dicen "proceso enseñanza-aprendizaje", ¿enseñé realmente dados los resultados que se obtienen? Mejoro día con día mi explicación, es más, incluyo en la exposición los posibles errores que a lo largo de mi experiencia como maestro he notado para adelantarme y que no se vuelvan a presentar. Pero no es suficiente, los porcentajes mejoran poco. Me faltará más interacción personal con los alumnos. Porqué en cuanto a los contenidos de matemáticas he tratado de no hacerlos "tan elevados". Espero que este curso me den a conocer mis incompetencias, lógicamente desconocidas.
El objetivo de cada día, de cada clase va intrínseco en mi "decisión" comentada al entrar a un salón. Es decir, que a través de mi actuar frente a un grupo, todos y cada uno de ellos aprendan los contenidos en tiempo y profundidad. ¿Para qué, o con que fin? Pues reconozco tres momento, o en otras palabras existen metas a corto, mediano y largo plazo. Imparto matemáticas y aun con lo difícil que puede representar su aprendizaje (soy empático con el alumno porque estuve ahí sentado en un aula) una vez logrado el objetivo de tener el tema matemático este se convierte en una herramienta para aprender y solucionar muchas otras situaciones. A mediano plazo, representa una satisfacción propia y del alumno su aprendizaje. Y a largo plazo, genera, sin dudas, una persona con habilidades, y capacidades de pensamiento capaz de permitirle afrontar cualquier situación problemática cotidiana sin darse por vencido fácilmente, por lo contrario solucionador de casi toda ellas.Espero haber satisfecho sus precisiones y con ello mostrar que la reflexión de la práctica a lo largo de mis veinte años ha estado presente de una manera transversal, como los temas de cada módulo mostrados en el esquema del programa. Transversalidad que le da estructura a la práctica docente como el espiral de un cuaderno de apuntes al cual le da además su solidez.

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